Cuando uno se pone, catorce o quince años después, a buscar sus viejas cintas para intentar sacar lo máximo posible de su vieja producción de ellas, debe atenerse a lo peor. Entre que su conservación no ha sido la óptima (sin carátula, sin rebobinar, en altillos, con humedad y kilos de polvo), que yo en la época era un desastre con el tornillito de los cojones (azimut que le llaman los frikis – lo más gracioso es que ‘azimuth‘ no es más que un término matemático que representa el ángulo entre un punto y un plano, vamos, coordenadas polares), y que hay remixes tipo “tomate total” grabados en la mitad de ellas, milagroso es que haya podido recuperar ya 18 juegos (más otros tantos sin terminar o directamente inenseñables o no arreglados).

Al final de mi época Spectrumera de principios de los 90, justo antes de hacer la primera versión de Phantomasa (que pronto os enseñaré), que resultó ser mi último juego para Spectrum, hice dos “packs de juegos” en el que reunía un montón de minijuegos en un mismo programa. El primero era realmente sencillo, con gráficos tipo “monoUDGs” (o sea, todo medía 8×8 píxels, sin juntar UDGs para hacer sprites o tiles mayores) y monocromo, hecho a lo rápido. El segundo me lo curré más. Tenía gráficos muy coloridos y juegos más complejos.
Lo tenía prácticamente perdido, hasta hace un par de semanas que encontré una vieja cinta en el altillo que se había caído de la caja donde estaban las demás, y por eso no la había visto cuando cogí las anteriores hace años. El problema es que esta cinta está hecha una auténtica mierda y sólo he podido rescatar algunos bloques y fragmentos de otros. Esta vez, la labor de “restauración” es casi de “recreación“. Y es en esta cinta donde se encontraba este segundo “pack de juegos”: PACKGMS2.