Con este ya termino de poner los juegos rescatados. Quedan bastantes en la recámara, pero ya los iré vomitando cuando los vaya restaurando, y eso no creo que ocurra demasiado a menudo, porque llevo un par de meses que no soy yo. Mi producción propia está bajo mínimos, pero es que (como ya me he quejado muchas veces) no doy abasto en el curro y luego llego a casa y, como comprenderéis, prefiero jugar al Okami o al Bioshock antes que ponerme a programar aún más…

Hoy os despacho rápido. Lo siento mucho, pero cuento con 10 minutos exactos para redactar este post, poner los pantallazos y subiros el ZIP. No he querido dejar de acudir a nuestra cita diaria, que os tengo muy mal acostumbraos
Para terminar con mis cotuños, os dejo dos operetas de escaso interés artístico. Quizá arqueológico un poquito, pero bue.
Juanjo y su Naranjo
Eran principios de 1991. Yo estaba en 7º de EGB y me apunté a algunas actividades extraescolares. Todos mis amigos decidieron hacerlo a la que, en principio, parecía más atractiva: un grupo ecologista. El Grupo Ecologista Aljaramil. Molaba un montón, porque nos hablaban de Icona, nos dejaban hacer murales reivindicativos, y nos llevaban de excursión barata al monte cercano o a algún otro sitio seminatural. Nunca veíamos ningún animal de los que queríamos ver, pero podíamos hacer el cafre por las dunas entre pinos y matorrales. El problema era cuando alguien calculaba mal un salto y aterrizaba en una jugosa catalina vacuna.

Luego desarrollamos el juego “frío o caliente“, siempre refiriéndonos a nuestras amigas las catalinas. Era como la ruleta rusa. Se podía acertar o no, pero lo realmente arriesgado era saltar y que el resultado fuera “caliente“. Eso significaba que la ñorda estaba recién hecha y el salpicón estaba asegurado. Si era “frío” el tema tenía varias horas (o días) y no pasaba nada, obviamente.

Pero bueno, dejemos la escatología para centrarnos en lo que nos interesa: los juegos. Porque, poseído por el espíritu ecologista y esa canción de Serrat que sonaba en la tele a todas horas (Toooodos contra el fuegoooouuu, nuestro booosqueiie hay queiii cuidaaiiiiaaarr, qui no quide muertooo, qui no sea uin desieeeeeertoou, tuuu lo puieeedess evitaaaaaare), convertí el típico juego de recoger gotas que caen de las alturas en un arma propagandística en la que Juanjo evitaba que las cerillas prendieran el ¿bosque?.
Lo mejor del juego es la pantalla de carga. Lo peor del juego es el juego en sí. Y el naranjo no aparece por ningún sitio.
Coby
Más o menos de la misma fecha, o quizá un poco más tarde, es este coby. Si miráis la pantalla de presentación quizá os recuerde a unas figuritas que regalaba Danone por aquella época de coby y su troupe comiendo yogures más a gusto que un arbusto. Hasta pinté el logo de Danone (el de la época) por ahí y todo. Las cosas de los niños.

Es una especie de Hypersports al uso, en BASIC, lento y bugoso. La única prueba jugable es la de correr (machacando vilmente el teclado -o el joystick Sinclair, dejándote esto en una postura un tanto libidinosa… No pueden obviarse las comparaciones ni los símiles con este tipo de movimiento-, como era costumbre en la época), ya que las otras dos no hay por donde cogerlas. Mención especial para la prueba de tenis, cuyo código estaba vilmente rapiñado del manual del Spectrum (tele tenis) pero con la IA currada de 0 (y así va
).

Otro tema a destacar es la música. No os la perdáis. Es obra del compositor Jean Jackes RND. Suena a la vez que hay un banner en la pantalla que (de forma cansina y poco práctica) te da las opciones que tienes… Empezar a jugar y poco más. Una risa, vaya.

Podéis bajároslos de aquí.