¡Señoras y señores, niños y niñas, abuelos, abuelas, concuñás, cocolisos y tentetiesos! Agárrense a sus asientos, abróchense los cinturones y prepárense para entrar en el VASTO mundo de…
Chost Embustes
Y para entender de qué cojones estoy hablando, habrá que retroceder hasta 1990, a Octubre, para más señas. Mi primer gripón de aquél otoño me tenía faltando a clases, y me hallaba enredando en el Spectrum (que tenía desde hacía menos de dos años), supongo que jugando a alguno de los juegos que me pillé por aquella época (Bomb Jack, con toda seguridad), y viendo la tele grande al tiempo. Por aquella época no tenía un sitio fijo para poner el ordenador y colocaba la tele pequeña donde me daba la gana. Así, aquella mañana podía aprovechar para pasar la convalecencia usando el ordenador y viendo la tele grande del salón a la vez. Pronto se me acabaría el rollo, pues poco después instalaron una mesa de ordenador en condiciones en mi cuarto y colocaron la Elbe de 14″ y el susodicho Speccy en ella.
Por el canal local de la tele por cable de nuestro pueblo (supuestamente y según dicen, la primera de toda España), estaban poniendo series del año 3. Poco antes del mediodía, a eso de la 1, empezó una que me llamó tanto la atención que dejé de jugar al Bomb Jack. Se trataba de Ghost Busters (separado), y tenía esta pinta:

Jake Kong, Eddie Spencer y el gorila Tracy, detectives de lo paranormal, recibían encargos un tanto especiales que solían tener que ver con fantasmas, monstruos y demás parafernalia de “humor-terror“. Yo era un fan absoluto de la película Ghostbusters (junto), y me resultó bastante interesante esta serie, con pintaza de ser tela de antigua (luego, investigando, supe que Filmation la creó lanzó entre 1975 y 1976, con lo que no era tan antigua), tuviese un tema tan parecido y se llamase de forma tan parecida. Además, la ambientación de la serie me pareció muy atractiva. Me enganchó, me hice super fan, y los tebeos que pintaba y los juegos a los que jugaba se poblaron de fantasmas, gorilas, y detectives.
Por aquella época empezaba yo a intentar evolucionar de la “aventura conversacional multi-opción” a algo con más movimiento. A finales de 1989 o principios de 1990 ya era capaz de tener a un muñequito que se movía por la pantalla. Mi libro de BASIC para Niños se me estaba quedando ya pequeño y, sin otra forma de aprender, avanzaba léntamente por prueba y error. A finales de verano de 1990 la cosa ya tomaba otro cariz: me empecé a atrever con las plataformas, hice mi primer intento de Phantomas (la primera versión de Phantomas Infinito), y comencé toda una saga de juegos sencillos con una estética y estilo basados en los recuerdos fragmentarios que tenía de haber visto Panama Joe un año antes en casa de uno de estos “hijos de amigos de tus padres a los que no vuelves a ver“. Luego resultó que todo parecido con Panamá Joe era mera coincidencia.
El cúlmen de esta saga de juegos “intento de Panamá Joe sin recordar bien Panama Joe” llegó recién estrenadas las vacaciones de Navidad de 1990 en un juego en el que cada fase era diferente y que resultó ser el Cúlmen del Menú Bonito: un juego con toda una INTRO BONITA. Lo bueno es que no se quedó ahí, por suerte.
Iniciamos con esta peaso de introducción una mini-serie de tres capítulos en los que, por orden de aparición, os enseñaré el ChEm2 original de 1990, el ChEm3 de 1992 y el ChEm2 v2.0 de 1993. Como véis, eso de hacer “v2.0″ de mis propios juegos no es algo que me haya inventado ahora con el Grunge Wizards 2.0. Don Erre que Erre, lo que yo te diga
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